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by_joshua_earle-4-768x512

La gente hoy día habla mucho acerca de las noticias falsas… Y es cierto que hay un montón. No obstante, la mayoría de lo que yo veo cuando entro a Facebook es personas rasgándose las vestiduras en enojo por la última ofensa du jour.

E inmediatamente después, 10,001 parodias, memes, y quejas acerca de la misma ofensa du jour.

Y ya me estoy cansando.

Yo entré a los canales sociales para estar en contacto con amigos, y para recibir — y lo más importante, para regalarles — algo de valor.

Realmente no me importan 99.999% de los temas por las que la gente se ofende en estos tiempos, porque:

a) La mayoría del tiempo, su “ofensa” se queda justo en los medios sociales, y nunca toman acción para cambiar el mundo, y ni siquiera cambiarse a ellos mismos.

b) La fuente de la “ofensa” está tan fuera de su alcance y control, que sólo sirven para amplificar lo que sea que supuestamente les esté ofendiendo.

c) Sus quejas son sólo una manera mediocre para sentir un poco de emoción falsa en el medio de una vida aburrida.

d) Es algo por lo cual no vale la pena dañar las conexiones sociales.

Digo todo esto porque ahora mismo me hace falta aquel momento cuando los medios sociales se trataban acerca de descubrir los pensamientos, valores, y actitudes de otros.

Era una experiencia de aprendizaje constante, ya que nos sentíamos como viajeros del mundo… porque, de hecho, cada cabeza es un mundo, como dice el viejo dicho aquel.

Me hace falta la época cuando podíamos discutir acerca de un tópico, pero no había FOMO, no había competencia para el que sacara más Likes — digo, “Reacciones” — ni una carrera para volverse viral. Sólo existía una conexión pura con otros seres humanos.

Contruíamos conexiones de largo plazo, no “amistades” que se explotan tras la mera vista de una “ofensa.”

Nuestro respeto y dignidad por los demás estaba bien alto en nuestra lista de prioridades, muy por encima de cuáles etiquetas colocarnos.

Nuestro estatus se elevaba basado en las cosas cool que lográbamos, o cómo nos llegábamos a ayudar mutuamente, no en el nivel de sarcasmo ni cinicismo y cuántos Likes — digo, “Reacciones” — eso nos ganaba.

Podíamos discutir acerca de las noticias y comunicar nuestras opiniones, pero no nos andábamos tratando de traspasar con una lanza por nuestras diferencias.

Cuando uno de nosotros se quejaba, era porque sinceramente esperábamos que alguien nos proveyera con una solución, sea un consejo, un pensamiento de ayuda, o sólo que nos dijeran “sé cómo eso se debe sentir” de parte de otro ser humano. La queja en sí no era la sustancia de nuestro mensaje.

De verdad, me hacen falta esos medios sociales… Pero, ¿sabes qué?

Aún están vivos.

Están aquí mismo.

Veo trazos de estos medios sociales cuando recibo mensajes privados de parte de ustedes y veo quiénes son realmente.

Lo veo cuando — en la más desafortunada de las circunstancias — ustedes colocan un mensaje sincero cuando un ser querido fallece, o cuando buscan que más personas conozca acerca de una buena causa en la que ustedes creen.

Lo veo cuando ustedes hablan acerca de alguien en necesidad, y piden apoyo y ayuda.

Lo veo cuando estamos más débiles, cuando debemos aferrarnos de algo verdadero porque lo falso simplemente no funciona en esos momentos. Sería como agarrarse de una esponja flotante mientras el río nos lleva y nos estamos ahogando. No. Durante esos momentos, lo que realmente necesitamos es una roca de la cual agarrarnos, o alguien que nos tire una cuerda y nos hale hacia la orilla.

Necesitamos algo real. Auténtico.

Y cuando veo esos momentos, ahí es cuando puedo ver la esencia de por qué se nos entregaron estos canales en el primer lugar.

Pero tú y yo podemos mantenerlos vivos.

¿Sabes cómo?

Rehusando compartir la nueva tendencia de la que todo el mundo está hablando.

Haciendo un esfuerzo para ser único y valioso/a.

Pensando cómo nuestras palabras pudieran afectar a los demás.

Evitando engañarnos pensando que las palabras son sólo palabras, y por el otro lado entendiendo que tenemos el poder para escribir, publicar o compartir cosas que seriamente y profundamente pueden afectar a los demás.

Abandonando nuestras agendas para cambiar las opiniones de los demás — porque no va ocurrir a través de Facebook, y debemos aceptarlo ya — y en vez de esto, comunicando a los demás lo que sinceramente creemos.

Así que esto pudiera ser algo así como una queja, pero no lo es realmente.

Es más como un grito de esperanza.

Esperanza de que podamos mantener lo que nosotros (sí, tú y yo… a ti te estoy hablando) hemos construido.

Hagamos esto más acerca de nuestras victorias y menos sobre lo que todos desde ya rechazamos.

Mantente en contacto.

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